Su legado, forjado entre victorias, barreras culturales y desafíos políticos, sigue siendo uno de los más sólidos del ajedrez mundial. No solo abrió camino para las mujeres en una disciplina dominada históricamente por hombres, sino que lo hizo desde una región donde el ajedrez forma parte de la identidad nacional: Georgia.
Mucho antes de que el personaje ficticio de Beth Harmon se convirtiera en símbolo global gracias a la serie The Queen’s Gambit, el ajedrez ya tenía una reina auténtica, de carne y hueso, con una trayectoria que marcó un antes y un después en la historia del deporte: Nona Gaprindashvili.
Una infancia entre piezas
Nona nació en 1941 en Zugdidi, en el oeste de Georgia, en tiempos de la Unión Soviética. Como ocurre con muchos niños georgianos, el ajedrez entró en su vida desde los primeros años. La tradición de aprender ajedrez desde la infancia no es algo aislado, sino parte de una costumbre habitual y arraigada en la sociedad georgiana. En las escuelas, en los clubes, en las familias, el ajedrez es considerado no solo un juego, sino una herramienta de formación intelectual.
Este entorno fértil ha convertido a Georgia en una cantera inagotable de talentos. La lista de campeones y campeonas georgianos es extensa y de alto nivel: desde Maia Chiburdanidze —sucesora de Gaprindashvili y también campeona mundial— hasta Nana Alexandria, Nino Batsiashvili y Bela Khotenashvili, por mencionar algunas. Pero fue Nona quien abrió el camino.
Una carrera que desafió límites
En 1962, a los 21 años, Gaprindashvili conquistó el campeonato mundial femenino al derrotar con contundencia a Elisaveta Bykova. No se detuvo ahí: defendió exitosamente su título en cinco ocasiones y lo mantuvo durante 16 años. A lo largo de su carrera, ganó múltiples Olimpiadas de ajedrez, con un impresionante registro tanto individual como en equipo.
Pero su mayor hito se dio en 1978, cuando la FIDE la reconoció oficialmente como Gran Maestro Internacional (GMI), siendo la primera mujer en recibir ese título en la historia. En una época donde muy pocas mujeres competían contra hombres, ella lo hizo —y no solo compitió, sino que venció. En exhibiciones simultáneas, derrotó a 59 hombres, entre ellos 28 Grandes Maestros.
Una demanda histórica
A pesar de sus hazañas, su figura fue en muchos casos invisibilizada fuera del mundo del ajedrez. Todo cambió en 2020, cuando se estrenó The Queen’s Gambit. La serie incluía una línea que afirmaba que la protagonista «nunca se había enfrentado a hombres, como tampoco lo hizo Nona Gaprindashvili».
Esta frase, además de ser incorrecta, borraba décadas de historia y lucha.
Nona, ya octogenaria, no se quedó en silencio. En 2021 presentó una demanda por difamación contra Netflix, solicitando una compensación de cinco millones de dólares. En 2022, la plataforma alcanzó un acuerdo fuera de tribunales, reconociendo de forma implícita su error.
El acto tuvo una resonancia mediática global y sirvió para reivindicar la figura de Gaprindashvili ante millones de espectadores que no conocían su historia.
Jugadora de ajedrez georgiana Nona Gaprindashvili, campeona mundial de ajedrez femenino, jugando simultáneamente contra 28 hombres en Dorset, Reino Unido, el 11 de enero de 1965. (Foto de Woods/Daily Express/Hulton Archive/Getty Images).
Más allá del tablero
Gaprindashvili no se limitó a los tableros. Fue una figura política activa, miembro del parlamento soviético, presidenta del Comité Olímpico Nacional de Georgia tras la independencia, y promotora del ajedrez entre niños y jóvenes. En su honor, la FIDE instauró la Copa Nona Gaprindashvili, que se otorga al país que obtiene el mejor resultado combinado entre hombres y mujeres en las Olimpiadas.
Incluso en edad avanzada, siguió compitiendo y ganando. En 2019, con 78 años, obtuvo el oro en el Campeonato Mundial Senior por Equipos. Para ella, el ajedrez no tenía edad, ni género, ni fronteras.
Un legado que trasciende
La historia de Nona Gaprindashvili es, ante todo, una historia de resistencia. Triunfó. No esperó permiso para ser leyenda. Lo fue. Lo es
Recordar su nombre, honrar su legado, es también reconocer a todas las mujeres que han sido pioneras en campos donde se les cerraban las puertas.
Nona no solo venció a sus rivales. Venció al sistema. E hizo jaque mate a la historia que pretendió olvidarla.
